La muestra está integrada por 22 obras inéditas realizadas entre los años 2004-2009. En ellas se plasma la visión del autor de los ciclos de la historia (idea original de Ibin Jaldum historiador árabe que habla de ellos), donde la vida se renueva bajo ciertas raíces histórico-culturales evolucionando hacía nuevas formas plenas, llenas de contenidos con una clara denominación de origen. Esculturas enriquecidas con los elementos propios de nuestra vida contemporánea. La narrativa visual se sostiene mediante el uso de diversas piedras propias de México, como son los mármoles Negro Monterrey, Orizaba, Nocheto, y diversos Ónix como el verde de Valle de Bravo, el Naranja de Durango, entre otros, complementados por ensambles de mascaras realizadas en bronces a la cera perdida. Técnicamente en las obras se ha preocupado porque cada material exprese su propio lenguaje plástico mediante el trabajo en talla directa y contrastando con el modelado de los bronces con pulidos en acabado a espejo. Puede decirse que las esculturas van de la figuración a la más pura abstracción. Temáticamente se puede observar que los motivos están plenamente inspirados en las obras de Antonio Mendiz Bolio y múltiples recopilaciones de consejas y leyendas del Antiguo Yucatán, para proponer ricas visiones arquitectónicas auténticamente contemporáneas, complementadas con personajes de una mítica fantástica donde los rostros inexpresivos son el hilo conductor por el cual el espectador es quien propone y resuelve el símbolo oculto en su inconsciente.
El jueves 23 de julio a las 20:00 hrs se llevará a cabo la inauguración de la muestra “ETERNO RETORNO” del Mtro. Alejandro Quijano en el Museo Casa León Trosky ubicado en Av. Río Churubusco #410 col. Del Carmen Coyoacan, Coyoacan Cd. de México. Tel. 56 58 87 32.
“Una serie de contundentes y bellísimas piezas trabajadas en mármol por Alejandro Quijano Pantoja, se exhibirá a partir del 23 de julio en el Museo León Trotsky, en la Ciudad de México…..
Podemos decir que Alejandro Quijano vuelve a partir de su idea de la escultura como interpretación y no como mimesis de la naturaleza, porque si bien son rostros y cuerpos humanos lo que presenta, bien miradas tales composiciones armadas –nótese la complejidad que implica el articulado de varios materiales— se acercan más a la idea de la máscara y el signo (como en el caso de la serpiente, figura a la que recurre como pretexto plástico, más que como un referente cultural reconocible).
Dado que la figura humana, la máscara y la serpiente se encuentran como temas a lo largo de toda la historia del arte, cabe preguntarse ¿revelan en este caso intuición, al yo instintivo del artista sus figuras? ¿Son parte de una temática universal o se convierten en un asunto personal?
La respuesta está en la diversidad de fórmulas que el artista encuentra para la máscara; en Quijano, el eterno retorno de un tema tratado desde la antigüedad clásica apunta, lo mismo hacia una problemática humana por resolver, que a una actitud “primitivista” muy contemporánea.
Recordemos que la noción de “lo primitivo” nos lleva a pensar en lo primigenio, lo primero, lo auténtico, y que tal idea (que no se comprende sin la noción de contraste, el contraste entre lo civilizado y lo primitivo) es muy valorada en estos tiempos de revisionismos históricos, de tanta artificialidad.
Por otro lado, la máscara (del árabe másjara, bufonada, antifaz), alude al mito, la simulación y la metamorfosis (uno se convierte en otro ser cuando la porta), pero sobre todo, adquiere en la obra de Quijano una connotación nueva: la de objeto artístico.
Si se me permite el consejo, diré que estando en la sala, frente a sus figuras de mármol, habrá que voltear a ver un conjunto de relaciones formales que siendo plásticas, recuerdan el rostro humano.[1] Y que las mismas, montadas en bellísimos pedestales geométricos o piedras naturales constituyen un capítulo valioso de la historia contemporánea del arte. Ω”
Podemos decir que Alejandro Quijano vuelve a partir de su idea de la escultura como interpretación y no como mimesis de la naturaleza, porque si bien son rostros y cuerpos humanos lo que presenta, bien miradas tales composiciones armadas –nótese la complejidad que implica el articulado de varios materiales— se acercan más a la idea de la máscara y el signo (como en el caso de la serpiente, figura a la que recurre como pretexto plástico, más que como un referente cultural reconocible).
Dado que la figura humana, la máscara y la serpiente se encuentran como temas a lo largo de toda la historia del arte, cabe preguntarse ¿revelan en este caso intuición, al yo instintivo del artista sus figuras? ¿Son parte de una temática universal o se convierten en un asunto personal?
La respuesta está en la diversidad de fórmulas que el artista encuentra para la máscara; en Quijano, el eterno retorno de un tema tratado desde la antigüedad clásica apunta, lo mismo hacia una problemática humana por resolver, que a una actitud “primitivista” muy contemporánea.
Recordemos que la noción de “lo primitivo” nos lleva a pensar en lo primigenio, lo primero, lo auténtico, y que tal idea (que no se comprende sin la noción de contraste, el contraste entre lo civilizado y lo primitivo) es muy valorada en estos tiempos de revisionismos históricos, de tanta artificialidad.
Por otro lado, la máscara (del árabe másjara, bufonada, antifaz), alude al mito, la simulación y la metamorfosis (uno se convierte en otro ser cuando la porta), pero sobre todo, adquiere en la obra de Quijano una connotación nueva: la de objeto artístico.
Si se me permite el consejo, diré que estando en la sala, frente a sus figuras de mármol, habrá que voltear a ver un conjunto de relaciones formales que siendo plásticas, recuerdan el rostro humano.[1] Y que las mismas, montadas en bellísimos pedestales geométricos o piedras naturales constituyen un capítulo valioso de la historia contemporánea del arte. Ω”
María Helena Noval
Historiadora y Crítica de Arte
Historiadora y Crítica de Arte

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